PRIMER VIAJE DE CRISTOBAL COLON A AMERICA
Cristóbal Colón y las "tres carabelas". El Primer Viaje de Cristóbal Colón a América
El 16 de setiembre comenzaron a ver muchos sargazos (algas muy verdes), y creyeron estar cerca de tierra. Echaron anclas varias veces, pero no tocaron fondo. De todas formas, el avistamiento de sargazos infundió ánimo en la marinería, más aún cuando el 30 de setiembre aparecieron algunos pelícanos en el cielo. Sin embargo, el entusiasmo se fue acabando en los días siguientes en que no divisaban tierra.
En la mañana del 7 de octubre, volvieron a ver aves, pero dirigiéndose hacia el suroeste, por lo que Colón ordenó seguir esa dirección. Es probable que si no hubiera hecho este cambio, hubiera llegado a Cabo Cañaveral, en la península de Florida. Pasaron algunos días sin divisar tierra y muchos marinos se dejaron ganar por la impaciencia. El día 10 Colón apuntó en su diario que ya habían recorrido 59 leguas, pero a la tripulación le dijo que solo eran 44. Y añadió que “la gente ya no lo podía sufrir más: quejábase del largo viaje”.
El mismo 10 de octubre un grupo de marineros de la “Santa María” se amotinaron y le exigieron a Colón que ordenara el regreso. Lo amenazaron con arrojarlo por la borda y retornar por su cuenta. El Almirante mantuvo la calma y controló el tumulto prometiendo dar la media vuelta si en tres días no encontraban ninguna isla o tierra firme. (Continúa abajo)
Cristóbal Colón (1453-1506). El día 11 de octubre los marineros de la “Pinta” recogieron del mar algunos palos y cañas, notando que uno de ellos parecía estar tallado. Esto alivió y alegró a todos, ya que eran señales de que se aproximaban a tierra. Por la noche, el Almirante convocó a los tripulantes de la Santa María para cantar el Salve Regina (antigua canción a la Virgen María) y les recordó que la Reina Isabel prometió 10 mil maravedíes de renta vitalicia al primero que mire tierra.
Al llegar el alba las tres embarcaciones se acercaban a las playas de una paradisiaca isla de las Bahamas y arriaban sus velas. Cristóbal Colón y su séquito se embarcaron en un batel (lancha) llevando una bandera y dos estandartes reales. Cuando se acercaban los alcanzaron los bateles de los hermanos Pinzón. Al llegar a la orilla el Almirante saltó a la playa, se arrodilló en el suelo y beso su arena. Muchos de los marineros hacían lo mismo cuando Colón plantó el pendón de Castilla en la hermosa isla que los nativos llamaban Guanahaní, y que el genovés bautizó como San Salvador. (Continúa abajo)
Pintura: José Garnelo y Alda.
Cristóbal Colón en la isla Guahananí
En las horas siguientes los españoles exploraron la isla tratando de averiguar si tenía lo que más buscaban: oro y especias. El día 13, Colón estuvo en la nao “Santa María” recibiendo más regalos que los “indios” le llevaban en sus frágiles canoas. Creyendo que era un enviado de los dioses le obsequiaban incluso las laminillas de metal que llevaban por narigueras. El 14, el nuevo Almirante ordenó buscar otras tierras más ricas que “San Salvador”. De aquí se llevó a siete muchachos para convertirlos en “lenguas” (traductores). Uno de ellos, bautizado como Diego, aprendió muy rápido el castellano y se convirtió el intérprete personal del Almirante. Otros dos huyeron, y los demás murieron por causas que se desconocen.
En los días siguientes los europeos descubrieron una pequeña isla a la que Colón llamó “Santa María de la Concepción” (hoy Cayo Rum) y dos mayores bautizadas como “Fernandina” (Log Island) e “Isabela” (Crooked Island). En estas vieron que los nativos usaban camas flotantes (hamacas) y aspiraban el humo del tabaco. Los cristianos no tardaron en imitarlos. Por datos de los isleños el Almirante supo que al suroeste de las Bahamas se situaba la gran isla de Cuba, donde había mucho oro y otras riquezas. Hacia ahí enrumbó Colón, estaba emocionado, creía que se aproximaba a Cipango (Japón) o Catay (China). (Continúa abajo)
Estatua de Cristóbal Colón en el Museo de La Habana. Algunos indígenas le contaron que tierra adentro estaba Cubanacán, una región con abundante oro. Para comprobarlo envió al intérprete Luis de Torres y al marinero Rodrigo de Jerez, pero los comisionados no encontraron riquezas, solo aldeas pobladas por nativos semidesnudos. Decepcionado, Colón abandonó Cuba el 13 de noviembre rumbo al noreste, hacia una isla que los taínos llamaban Babeque (Gran Inagua, en las Bahamas), y que según decían tenía abundantes perlas y oro.
Los españoles solo encontraban islotes y arrecifes, cuando en medio de una tormenta desapareció la carabela la “Pinta” (21 de noviembre). Al parecer, Martín Alonso Pinzón aprovechó la ocasión para buscar los tesoros de Babeque por su cuenta. Entonces, con las naves que le quedaban, Cristóbal Colón se dirigió al sureste, rumbo a una gran isla que los indígenas llamaban Bohío. (Continúa abajo)
Cristóbal Colón. Imagen: Archivo Life.La noche del 25 de diciembre de 1492, cuando las dos naves costeaban “La Española” frente a “Punta Santa” (hoy Cabo Haitiano), la “Santa María” chocó contra los arrecifes y empezó a hundirse. Vanos fueron los intentos de ponerla a flote, por lo que Cristóbal Colón ordenó sacar sus tablones y mandó construir un fuerte al que llamó “La Navidad”.
La “Niña” se dirigió rumbo al este y el 6 de enero, en aguas de la actual República Dominicana, se encontró con la “Pinta”. Martín Alonso Pinzón le explicó al Almirante que se había alejado involuntariamente, pero no lo convenció del todo. De todas formas, las dos carabelas continuaron juntas y llegaron a la bahía de Samaná, donde fueron recibidos a flechazos por los feroces indios ciguayos. Colón bautizó el lugar como “Golfo de las Flechas” y decidió dejar de costear “La Española”. El 16 de enero ordenó poner las proas en dirección noreste, rumbo a España.
Monumento a Cristóbal Colón en Lima.
Foto: Arturo Gómez Alarcón.
El regreso de Cristóbal Colón a España
Para regresar a la Península Ibérica Cristóbal Colón cogió una corriente marina favorable (Corriente del Golfo), lo que le permitió avanzar rápidamente. Al comenzar el mes de febrero de 1493, las carabelas la “Niña” y la “Pinta” alcanzaron el grado 36 de latitud norte y pusieron la proa apuntando al este, rumbo a las islas Azores. Sin embargo, cuando ya estaban cerca, el 11 de febrero se desencadenó una terrible tormenta que duró cuatro días. Los feroces vientos y temibles olas estuvieron a punto de hundir las naves, pero la experiencia del Almirante y la pericia de sus compañeros andaluces lograron evitarlo. La tempestad solo logró separar a la “Pinta”, la que finalmente arribó al puerto de Baiona, en el noroeste de España.
El día 18, la “Niña” ancló en la isla de Santa María, en el archipiélago de Azores, pero sus tripulantes fueron recibidos con hostilidad por el gobernador portugués de la isla, Juan de Castanheda. El 24 de febrero, la nave enrumbó a las costas de Andalucía, pero en la noche del 4 marzo una tempestad empujó la carabela hacia la desembocadura del río Tajo, en Lisboa, Portugal. En la mañana siguiente, ancló en el puerto de Rastelo y los tripulantes se encargaron de propagar la noticia de la hazaña que habían logrado. Los lusitanos quedaron maravillados viendo a los aborígenes y animales exóticos que traían los hispanos.
El 8 de marzo, Colón recibió la invitación del rey Juan II para entrevistarse en el monasterio de Santa María de las Virtudes. Al día siguiente el monarca luso hizo muchas preguntas sobre la ubicación y riqueza de las islas descubiertas. El Almirante le respondió cortésmente y le recordó que antes de acudir a los Reyes Católicos, había solicitado su ayuda, pero fue rechazado. Después de dos audiencias más, Juan II se despidió del genovés y le permitió abandonar Lisboa el 13 de marzo. La “Niña” enrumbó al sur y al día siguiente dobló el cabo de San Vicente y entró en aguas castellanas. Fue el viernes 15 de marzo de 1493 el día en que Colón y sus bravos compañeros llegaron por fin al puerto de Palos, donde fueron recibidos con mucha alegría. De inmediato, Colón envió una carta a los Reyes Católicos, que se hallaban en Barcelona, notificando sus importantes descubrimientos.
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